Ensinamentos de Meishu Sama: Belleza en la apariencia personal y en el interior de las residencias

Todos deben estar muy conscientes de que la belleza deleita no solamente a sí mismo, sino también a los otros y, por eso, representa una forma de virtud. Así, cuanto más alto el nivel de una civilización, mayor será el culto dedicado a lo bello. Basta con ver, por ejemplo, la vida de los pueblos bárbaros, donde siempre imperó la rudeza en las actitudes.

Por lo tanto, puede afirmarse que el valor de una cultura corresponde, en parte, al desarrollo del sentido de la belleza. Por eso, entonces, que es importante que hombres y mujeres cuiden adecuadamente de su apariencia, a fin de transmitir a los otros una impresión cada vez más agradable. Las mujeres, especialmente, deben procurar volverse cada día más bellas.

La casa necesita estar siempre limpia y en orden, nunca permitir la presencia de polvo o telarañas, así como muebles deteriorados o fuera de su lugar. El desorden ofende a la vista, causa malestar y angustia. Por otra parte, un ambiente armonioso proporciona placer no sólo a la familia, sino también a los visitantes; además, crea un sentimiento de respeto y estimación hacia el dueño de casa.

Extracto del Libro: Meishu Sama, Evangelho do Céu, volumen III -Reino Divino- pág. 177, 178 (versión en portugués)

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